miércoles, 9 de mayo de 2012

Enterarse de uno mismo

A veces y solo a veces, hace falta conocer a alguien más para conocerse a si mismo.
Solo en ocasiones, lo único que faltaba era escribir un cuento nuevo.
A veces solo hace falta no mirar lo que esta
para mirar,
                y cerrar los ojos.
Y digo a veces, aclaro, a veces
detenerse o no, porque al fin y al cabo
solo a veces decides hacerlo o decides escoger.
En ocasiones lo que faltaba era hacer siempre las mismas cosas;
comer, dormir, enfurecerte, hacer el amor...
Solo para conocer el hambre de su ausencia.

A veces hace falta no querer parecer complejo
y sentarte con aires de grandeza en una silla,
mejor acuéstate en el viento.
Asiste a una reunión de cuerdas y una guitarra,
porque a veces desean decirte algo.

A veces se trata de  inhalar colores,
   contemplar la energía, viajar con el río
   y no por las nubes, tener un día verde y no una vida color de rosa.

De vez en cuando, busca un momento a solas, a solas sin un hombre o una mujer.
A solas con un pájaro, una hoja, con una palabra o una manzana
y escupe sin parar hasta que termines por escupir ociosidad.

Después de todo, si sigo pensando lo que podemos hacer solo a veces,
me enviaría una carta,
pelliscaría a una abeja,
comería luz
y ya no escribiría en un papel,
lo haría en un pedazo de piel.

Y descubriría quien soy.

miércoles, 29 de febrero de 2012

En el laberinto

Pisar laberíntico.
Pisadura enredada.
Tropiezo intrincado.
Un caos al andar.

Ante un piso tortuoso,
enmarañado, meandro
unas huellas caóticas
confusión crearán.

Y ante una mente deshabitada,
un laberinto posible
poco poco me guía hacia la interrogación.

¿Si existe algún órgano que guarda sentimientos,
en cuál de ellos se esconde la gran inspiración?